Archive for the 'Historia Perú' Category

Mario Vargas Llosa y el Premio Nobel

Noticia Interesante: Congreso de la República prepara actos en homenaje a Mario Vargas Llosa – 07/10/2010 08:18:00 p.m.

El Congreso de la República empezó a preparar una serie de actos en homenaje al escritor peruano Mario Vargas Llosa, quien hoy fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, el más importante a nivel mundial, en reconocimiento a su destacada obra.

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Importante, Vargas Llosa es un modelo para jóvenes peruanos, destaca Defensora del Pueblo – 07/10/2010 06:19:00 p.m.

La Defensora del Pueblo, Beatriz Merino, destacó que el Premio Nobel concedido al escritor peruano Mario Vargas Llosa ha causado una explosión de alegría en el Perú y subrayó que el autor de ?La ciudad y los perros? es un modelo para los creadores y los jóvenes peruanos.

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Que opina usted? Juan Manuel Santos: Nobel de Vargas Llosa también es una buena noticia para Colombia – 07/10/2010 05:52:00 p.m.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, expresó su felicitación al escritor peruano Mario Vargas Llosa por obtener el premio Nobel de Literatura 2010, y afirmó que también es una excelente noticia para Colombia.

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Importante, VARGAS LLOSA: PREMIO NOBEL 2010 – 07/10/2010 02:56:43 p.m.

“La clásica foto de Mario Vargas Llosa.

A las 5 de la mañana se levantó Mario Vargas Llosa para preparar su clase en la Universidad de Princeton, Nueva York, y a las 6:45am, en plena chamba, recibió la noticia por teléfono: el presidente del jurado de la Academia Sueca, Peter Englund, le comunicó a nuestro gran novelista que era el ganador del Premio Nobel de Literatura 2010. Por fin se hizo justicia con uno de los escritores más importantes de la Literatura mundial. Demasiado tiempo se hizo esperar este acontecimiento. Deemasiado tiempo los suecos se hicieron los suecos. Algunos hasta llegamos a pensar que Magdalena Chu era la Presidenta de La Academis Sueca. Cada uno celebrará a su modo esta tremenda noticia (al diablo los que digan que este es un triunfo personal de Vargas Llosa y no de nosotros), yo lo hago con esta galería de fotos:

Quinceañero Vargas Llosa en en la redacción del diario La Cronica, años 50.

Mario Vargas Llosa junto a su esposa Patricia Llosa.

Conversación en el bar La Catedral con la jovencísima Patricia, chelitas de por medio.

Mario Vargas Llosa, José Donoso, Gabriel García Márquez y sus respectivas esposas. Escritores del Boom antes del ojo morado.

Junto al poeta chileno Pablo Neruda.

El novelista junto a la actriz nacional Martha Figueroa, Durante el rodaje de la primera versión cinematográfica de Pantaleón y la visitadoras.

Y aquí Vargas Llosa dando indicaciones a la bella Camucha Negrete, que también participó en esa película.

Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Emir Rodríguez Monegal, Pablo Neruda. Gentita.

Vargas Llosa y el editor Carlos Barral hablando de literatura a bordo de un camello. No hay mejor lugar.

Nuestro laureado novelista en Argentina.

La family: Su esposa Patricia y sus hijos Gonzalo, Álvaro y Morgana.

Vargas Llosa candidato. Lo sentimos, Mario, nuestro candidato era el ingeniero Alberto Fujimori, hoy en prisión.

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Noticia Interesante: El Nobel de Literatura más merecido de los últimos años – 07/10/2010 02:54:52 p.m.

“Desde que Octavio Paz ganara el premio Nobel de Literatura hace 20 años, siempre se mencionó a Mario Vargas Llosa entre los probables ganadores. Sin embargo la Academia Sueca optó por otras figuras de las letras, hasta que llegó el año 2010.
Se hace justicia con Mario Vargas Llosa. He tenido el placer de haber leído, desde niño, la mayoría de sus libros. Si hay algún pendiente, la cuenta se saldará. Un escritor como Mario bien merece ser leído.
Soy de los que opina que en cierta medida el premio a Mario Vargas Llosa reivindica a otro gigante de las letras peruanas, el universal poeta César Vallejo. He leído ensayos en donde se indica que su verso es superior a la de otra gran poetisa, Gabriela Mistral. Sin embargo César Vallejo, al igual que Proust, Joyce, Tolstoi y Borges, no obtuvo el premio.
Las letras peruanas se llenan de gloria y, vaya que se beneficiarán las nuevas generaciones. Más que el boom latinoamericano lo que catapultó a las letras colombianas fue que Gabriel García Márquez ganara el Nobel. Una vez que un premiado señala el camino, esto sirve de estímulo a los que vienen detrás.
Estoy seguro que este efecto se contagiará en el Perú. Hay indicios que la lectoría está surgiendo nuevamente. Abarrotadas ferias de libro así lo confirman. Los efectos positivos para la cultura en el Perú, que gracias a Mario vamos a obtener, están allí, a la mano por verse nítidamente.
Gracias ilustre peruano Mario Vargas Llosa.

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Nos sorprende Reviva el último año escolar de Vargas Llosa: las calificaciones del Nobel de Literatura – 07/10/2010 02:36:45 p.m.

Los promedios revelan que el escritor fue un estudiante promedio, con buenos resultados en Literatura y escaso interés por los deportes

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Importante, Sectores intelectuales y políticos de Venezuela celebran Nobel a Mario Vargas Llosa – 07/10/2010 02:12:00 p.m.

El Premio Nobel de Literatura otorgado hoy al escritor peruano Mario Vargas Llosa fue aplaudido por todos los sectores de la vida intelectual y política de Venezuela, pese a sus frecuentes y polémicas declaraciones contra el presidente de ese país, Hugo Chávez.

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Que opina usted? Pérez de Cuéllar: Vargas Llosa es un gran demócrata y Nobel lo tiene altamente merecido – 07/10/2010 02:10:00 p.m.

El ex secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU) Javier Pérez de Cuéllar destacó hoy las cualidades personales del escritor peruano Mario Vargas Llosa, a quien consideró un ?gran demócrata? y sostuvo que el premio Nobel de Literatura concedido lo tiene altamente merecido.

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Importante, Presidente de México: ?Nobel a Vargas Llosa es un orgullo latinoamericano? – 07/10/2010 01:59:00 p.m.

El presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, felicitó al escritor peruano Mario Vargas Llosa por ser distinguido con el premio Nobel de Literatura 2010, y agregó que constituye ?un orgullo latinoamericano?.

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Información Util, Poder Judicial felicita a Vargas Llosa por obtención de premio Nobel de Literatura – 07/10/2010 01:14:00 p.m.

Una felicitación y reconocimiento especial por la obtención del premio Nobel de Literatura 2010 hizo llegar esta mañana el presidente del Poder Judicial, Javier Villa Stein, al novelista Mario Vargas Llosa, uno de los escritores más brillantes de Perú y de Latinoamérica.

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Noticia Interesante: Toledo felicita a Vargas Llosa y dice que es un orgullo para el Perú – 07/10/2010 01:07:41 p.m.

El ex presidente de la República, afirmó que “‘Vargas Llosa”:http://elcomercio.pe/caso/mario-vargas-llosa-premio-nobel-2010 no pertenece ya al Perú, sino al mundo’

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Llama la atención, Pilar Nores: Los peruanos nos sentimos felices y orgullosos por Nobel a Vargas Llosa – 07/10/2010 01:02:00 p.m.

La presidenta del programa Sembrando y esposa del Jefe del Estado, Pilar Nores, dijo hoy sentirse feliz y orgullosa, como todos los peruanos, del premio Nobel de Literatura 2010 obtenido por el escritor Mario Vargas Llosa.

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Nos sorprende Cuando Mario Vargas Llosa pasó de la escritura a las tablas – 07/10/2010 12:56:38 p.m.

En 2006, el escritor protagonizó la obra “La verdad de las mentiras”, junto a Vanessa Saba. Ha escrito alrededor de 10 obras teatrales

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Comprensible Vargas Llosa: “Me da un poco de vergüenza recibir el premio Nobel que no llegó a recibir Borges” – 07/10/2010 12:22:07 p.m.

Premio Nobel de Literatura 2010 lamentó que el escritor argentino no tuviera el mismo reconocimiento. También anunció que vendrá al Perú para Navidad

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La locura del piloto que comandó el bombardeo a Hiroshima

Claude Eatherly tenìa 26 años cuando, al mando de una flota de 6 bombardeos, enrumbó hacia el Japón con la bomba atómica Enola Gay. Tenía como misión seleccionar el objetivo sobre el cual debería caer el monstruo recién creado. Luego de cumplir con lo encomendado, El Comandante Eatherly jamás pudo recuperarse. Dicen que terminó loco. El filósofo alemán Günther Anders dice que no es así. Que su conciencia lo atormente demuestra que está cuerdo, que es un ser humano que fue una pieza técnica de la guerra, dice el filósofo.
La siguiente es una crónica estupenda publicada en El País Semanal y que reproducimos para ustedes. Trata de la historia de este piloto, y de las 71 cartas que intercambió con el filósofo alemán y que acaban de ser publicadas en España:
El Piloto de Hiroshima

Murió en un manicomio. El comandante Claude R. Eatherly nunca pudo con su conciencia: él fue quien comunicó el `go ahead´ `adelante´ al `Enola Gay´ para que lanzara la primera bomba atómica. Sólo su correspondencia con el filósofo Günther Anders le alivió sus últimos días. Con motivo del 65 aniversario de la hecatombe, esas 71 cartas se publican en España.

Victoria puede ser, a su vez, sinónimo de derrota. Estamos en la primavera de 1959. Claude Robert Eatherly, ex piloto de combate, no ha levantado cabeza desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. Abandonado por su mujer, despreciado por sus compañeros de armas y desahuciado por la psiquiatría, las autoridades militares lo consideran un caso embarazoso y lo mantienen encerrado en el manicomio de Waco (Texas). Allí recibe una carta. El remitente es el filósofo alemán Günther Anders, que ha leído un reportaje sobre Eatherly en una revista y decide escribirle, impresionado por el drama íntimo de este hombre atormentado y, en opinión de Anders, perfectamente cuerdo. «Que usted no haya podido superar lo sucedido es consolador. Y lo es porque demuestra que sigue intentando hacer frente al efecto de su acción; porque este intento, aunque fracase, indica que ha logrado mantener viva su conciencia, a pesar de haber sido una simple pieza del aparato técnico y de haber cumplido su función.»

¿Qué es lo que el presunto loco no ha podido superar? Madrugada del 6 de agosto de 1945. Siete bombarderos B-29 despegan de su base en las Islas Marianas. Claude Eatherly, de 26 años, es el comandante del Straight Flush. Su misión: seleccionar el objetivo. Comprueba la temperatura, la visibilidad y la velocidad del viento. Informa por radio al comandante Paul Tibbets, que pilota el Enola Gay. Le da las coordenadas de un puente, en la vertical de un claro de nubes, y se aleja de la zona. Eatherly piensa que es un bombardeo más. También piensa en Concetta, su mujer, a la que no ha visto dos días seguidos desde que se casaron, en plena guerra. Piensa en la partida de póquer que jugará esa noche con los muchachos. Piensa en cualquier cosa con tal de no pensar durante las cinco horas de vuelo que quedan de regreso a la base.

A las 8.15 de la mañana, el Apocalipsis. El Enola Gay lanza la primera bomba atómica de la historia sobre la población civil en Hiroshima. La bomba estalla a 500 metros del suelo. No lo hace sobre el puente, pues Eatherly erró en sus cálculos. Volatiliza un hospital. Los japoneses la llamarán pika-don. Pika: un fogonazo deslumbrante. ¡Don! Una explosión equivalente a 13.000 toneladas de trinitrotolueno. Una bola de fuego de un millón de grados centígrados. El copiloto de la aeronave exclama al contemplar el hongo: «¡Dios mío! ¿Qué hemos hecho?».

Ni Eatherly ni sus compañeros de misión son plenamente conscientes de su obra. Se han limitado a cumplir órdenes. Pero nadie los había preparado para asumir las consecuencias: 70.000 muertos y 130.000 heridos de una tacada. Los testigos dicen que toda la ciudad hiede a fritura de calamar, pero no es un banquete, sino una inmensa barbacoa humana. Las mujeres que llevaban vestidos estampados tienen ahora un arabesco tatuado en la piel. Los hombres que llevaban reloj lo tienen soldado al hueso de la muñeca. Miles de supervivientes deambulan por las calles en estado de choque. Los llaman los \\\\”\”\\”\”caimanes\\\\”\”\\”\”. Tienen quemaduras en el 95 por ciento del cuerpo. Algunos se arrastran sobre muñones. Muchos no tienen ojos. Y el hueco donde estaban sus bocas es incapaz de articular sonidos. No gritan. Emiten un murmullo como de cigarras. La septicemia acabará con ellos en cuestión de días. La radiactividad, de la que todavía se sabe poco, lo hará en cuestión de semanas, meses, años.

La historia se repite en Nagasaki el 9 de agosto. Esta vez, Eatherly no participa, pero se despierta en su litera en el mismo instante en que la segunda bomba atómica detona a 2.500 kilómetros de distancia. Grita con desesperación. Cree que los sesos se le fríen dentro del cráneo. Le dan una aspirina. No habla con nadie durante días. Le diagnostican fatiga ocasionada por el combate. Japón se rinde. Taciturno, Eatherly espera la desmovilización y la vuelta a casa. Es un héroe de guerra, pero se siente un miserable. Esto no era lo que se imaginaba cuando dejó los estudios en su Texas natal y se enroló voluntario.

«Debo decirle que su intento [de superar la tragedia] fracasará. ¿Por qué? Porque hacer daño a un hombre, pese a ser algo concebible, no es fácil de superar. Usted tiene la desgracia de haber dejado detrás de sí 200.000 víctimas. ¿Cómo iba a ser posible sentir dolor por 200.000 personas? Por más que lo intentemos, el dolor y el arrepentimiento son impotentes», le advierte el filósofo en esa primera carta al manicomio. Eatherly le responde el 12 de junio. Es una epístola serena y profunda, impropia de un demente. «Desde que tengo uso de razón, siempre me he interesado vivamente por la cuestión de cómo se debe obrar y actuar. No soy ningún fanático en temas religiosos ni políticos, pero estoy convencido de que la crisis en la que todos estamos inmersos exige que reexaminemos profundamente todo nuestro sistema de valores y lealtades.» Filósofo y ex combatiente intercambiarán 71 epístolas. La editorial Paidós ha recuperado esta correspondencia apasionante, coincidiendo con el 65 aniversario de la bomba atómica sobre Hiroshima.

¿Qué pasa cuando acaba una guerra? Que la vida sigue. Eatherly es condecorado con la medalla de la Fuerza Aérea, pero no asiste a los homenajes que quieren tributarlo. Se licencia en 1947. Intenta olvidar, ganar dinero. Consigue un empleo en una multinacional petrolera de Houston; va cada día a la oficina, por la noche estudia Derecho. Asciende a director de ventas. Compra una casa con jardín. Debería ser feliz. Tiene una mujer, un hogar, hijos. Pero no puede dormir. Cada vez que cierra los ojos cree ver los rostros desfigurados de los que se abrasaron en Hiroshima. Comienza a beber, toma somníferos. Por esa época mete cheques en sobres y los manda a Japón, junto con cartas en las que se declara culpable y pide disculpas. Sus misivas son interceptadas y devueltas a EE.UU. En 1950 intenta quitarse la vida ingiriendo barbitúricos. Le hacen un lavado de estómago y un par de días después ingresa en el hospital militar de Waco, especializado en la atención de los veteranos de guerra con trastornos mentales. Allí permanece seis semanas. Le dan el alta, aunque no hay mejoría alguna.

Por muchas vueltas que le dé a la cabeza, Eatherly no sabe qué hacer. Sólo tiene ocurrencias peregrinas. Falsifica un cheque por un importe insignificante. La Policía lo detiene cuando intenta cobrarlo. La falsificación es tan burda que parece que quisiera que lo cazasen. ¿Por qué? El escritor Robert Jungk sugiere que el ex piloto pretende explicar su caso y tiene la necesidad de ser castigado. «Él quería alegar que había mandado esa suma como un gesto simbólico a una fundación que ayuda a los huérfanos de Hiroshima.» Pero el juez no le deja hablar y lo condena a un año de cárcel.

Sale a los nueve meses por buena conducta. Próximo intento en Dallas. Atraco con una pistola de juguete. El ladrón no se lleva nada y el juicio se suspende cuando el abogado explica que su cliente padece enajenación mental. Otros cuatro meses en Waco. Un tribunal médico reconoce que Eatherly sufre trastornos psicológicos ocasionados por la guerra y éste deja el hospital con una pensión mensual de 132 dólares. «Contrariamente a lo que Eatherly anhela, no se lo considera un criminal», explica Jungk.

La vida de Eatherly transcurre entre tribunales y hospitales. Asalta cajeros sin llevarse el dinero, fuerza oficinas de correos sin echar mano a la caja. Consigue, por fin, que la opinión pública preste atención a su caso. Los periódicos lo bautizan como \\\\”\”\\”\”el piloto loco\\\\”\”\\”\”. Sus ex compañeros de misión se avergüenzan de él. Paul Tibbets, comandante del Enola Gay, nunca pidió perdón al pueblo japonés: «Duermo muy tranquilo todas las noches». Joe Siborik, responsable del radar, se justificó con desparpajo: «Sólo era una bomba, aunque un poco más grande». El presidente Harry Truman, que ordenó el bombardeo, dijo que en su vida sólo se arrepentía de haberse casado a los 30 años.

Eatherly morirá en el manicomio en 1978, con 70 años. Nunca obtuvo el consuelo de que lo considerasen oficialmente culpable. Pero en 1959 recibió otra carta que alivió su carga. Estaba firmada por 30 jóvenes japonesas. Dice así. «Estimado señor: Todas nosotras somos chicas que, aunque tuvimos la suerte de escapar a la muerte, fuimos heridas en nuestros rostros y en nuestro cuerpo por las bombas atómicas. Nuestros rostros muestran cicatrices y heridas, y es nuestro deseo que esa cosa horrible a la que se llama \\\\”\”\\”\”guerra\\\\”\”\\”\” no se repita jamás. Hemos sabido que los sentimientos de culpabilidad lo atormentan y que ha sido internado en un psiquiátrico. Le escribimos para expresarle nuestra más profunda conmiseración y asegurarle que no sentimos odio hacia usted [...]. Lo consideramos una víctima más.»
Carlos Manuel Sánchez

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Lima en el siglo XIX.- 4 fotos del Estudio Courret

La Calle Judíos y el Portal de Botoneros. Al fondo aparece la Calle Mantas. Lima, 1865. (Clic sobre la imagen para ampliarla en una nueva ventana)
Calle céntrica de Lima por la que circulan llamas llevando carga. Lima, 1865. (Clic sobre la imagen para ampliarla en una nueva ventana)

El río Rímac y el Puente de Montesclaros luciendo su arco ornamental. Lima, 1865. (Clic sobre la imagen para ampliarla en una nueva ventana)

Foto de “Abajo del Puente” tomada desde el antiguo puente de piedra. Al fondo aparece la Iglesia de San Lázaro. Lima, fines del siglo XIX. (Clic sobre la imagen para ampliarla en una nueva ventana)

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Mariano Ignacio Prado: El presidente que desertó del Perú el día de su cumpleaños.- La traición del capitalista original del oligárquico Imperio Prado

Escribe: César Vásquez Bazán

“El viaje del general Prado no significa más que una vergonzosa deserción.”
El Comercio, Lima, 19 de diciembre de 1879 (1).

El jueves 18 de diciembre de 1879, alrededor de las 4 de la tarde, el presidente en ejercicio del Perú, Mariano Ignacio Prado, abandonó el país con rumbo a Panamá. Desertó de sus funciones tras ocho meses de fracasos en la guerra con Chile y en medio del correspondiente descontento popular. Usando el nombre falso John Christian (2) fugó en el vapor-correo Paita, de la compañía inglesa Pacific Steam Navigation Company, cuya partida hizo demorar de las 10 de la mañana a las 4 de la tarde con el fin de posibilitar su embarque (3) Prado huyó del país el día que cumplía 53 años de edad.

Mariano Ignacio Prado partió del Perú sin aviso previo y sin levantar sospecha que fugaría. Así lo informó el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos en el Perú, Isaac P. Christiancy, en comunicación al Secretario de Estado de los Estados Unidos, William M. Evarts. Durante la mañana y el mediodía del día 18 de diciembre, el presidente despachó como de costumbre en el Palacio de Gobierno, recibiendo el saludo de cumpleaños de funcionarios civiles y militares. A las 3:05 de la tarde abordó en la Estación de Desamparados el tren al Callao, en compañía del presidente del Consejo de Ministros y ministro de Guerra Manuel González de La Cotera y de Adolfo Quiroga, ministro de Justicia e Instrucción. Cuando llegó al Callao, la gente que lo vio creyó que estaba de visita para inspeccionar el cuartel y fortificación del puerto.

Carta del embajador de EE.UU., Isaac P. Christiancy, al Secretario de Estado Evarts informando sobre la deserción del presidente Prado (4). Christiancy remarca que la resolución del congreso utilizada por Prado para su viaje lo autorizaba a comandar los ejércitos peruanos en los países al sur del Perú (Bolivia y Chile). La misiva está fechada 23 de diciembre de 1879. Haga clic sobre la imagen para ampliarla en una nueva ventana.

Despedida del desertor

Al escapar del país en guerra del cual era presidente, Mariano Ignacio Prado dirigió la siguiente proclama (3). El documento circuló en Lima la noche de su abandono de funciones, es decir el 18 de diciembre de 1879. Nótese que en el último párrafo, el fugitivo asegura que regresará “oportunamente” al Perú:

Proclama de Prado hecha circular el 18 de diciembre de 1879, día de su deserción. Haga clic sobre la imagen para ampliarla en una nueva ventana.

El encargo de la presidencia

Junto con la anterior proclama, Prado hizo circular un decreto en el que encargó la presidencia del país al vicepresidente general Luis La Puerta, un hombre de 68 años de edad y que era voz populi que se encontraba enfermo. El decreto fue el siguiente:

Decreto redactado por el propio Prado encargando el ejercicio de la presidencia de la república al vicepresidente, general La Puerta. Nótese en el documento la firma de Manuel González de la Cotera (Presidente del Consejo y Ministro de Guerra). También suscribieron el instrumento legal los ministros Buenaventura Elguera (Gobierno), Adolfo Quiroga (Justicia e Instrucción) y José María Químper (Hacienda). La inclusión de éste último implica que el viaje de Prado originó erogaciones al Fisco Peruano. Haga clic sobre la imagen para ampliarla en una nueva ventana.

El pretexto de la fuga

Prado intentó justificar su salida del país basándose en la supuesta necesidad de efectuar personalmente en Estados Unidos y Europa las gestiones para la compra de armamentos y la adquisición de una escuadra.

En carta a sus amigos, fechada en Guayaquil el 22 de diciembre de 1879 y publicada en El Comercio seis días después, el presidente-desertor explicó las razones de su viaje. Indicó que los informes recibidos en Palacio de Gobierno desde Europa describían la rivalidad entre los agentes comisionados para la compra de los barcos de guerra, pugna que impedía la adquisición de la escuadra.

Escribió Prado que en su decisión de viajar influyeron las siguientes consideraciones: “1) Que mi presencia allí y lo que tenía que hacer no era tan esencial que no pudiera ser reemplazado por el vicepresidente, al paso que mi venida era de la mayor importancia porque lo que no hiciera yo no lo haría ningún otro. 2) Que no debía omitir esfuerzo ni sacrificio alguno para conseguir los elementos que necesitamos, mucho más no habiéndose conseguido hasta hoy y pudiendo acaso conseguirlos yo, usando de mi alta representación, plenas facultades y relaciones personales. 3) La oportunidad de poder reunir las personas y recursos para subordinarlos todos a mi voluntad a fin de alcanzar el objetivo que me propongo. 4) La de que con mi venida nada se arriesgaba ni perdía gran cosa, siendo así que ella podría proporcionarnos lo que hace tiempo buscamos para contrarrestar y vencer al enemigo”.

A pesar que con la retirada de Tarapacá, en noviembre de 1879, el Perú ya había perdido los yacimientos salitreros, Prado abusó de dicho argumento. Escribió en su carta –mañosamente– que se vio obligado a salir de improviso del Perú debido a la urgencia de entregar a los acreedores el guano y el salitre antes que los chilenos se apoderasen de ellos.

Finalmente, reconoció que se fue del país de manera encubierta para no ser apresado por los chilenos y “para evitar discusiones y opiniones cuyo resultado, en la excitación en que los ánimos se encuentran, hubiera podido contrariar mi marcha y originar bullas y escándalos”.

La versión de Prado sobre los motivos de su fuga fue confirmada en el Manifiesto a los hombres de bien escrito por su ministro de Hacienda José María Químper (5).

La supuesta licencia del congreso para el viaje de Prado

Mariano Prado defendió la viabilidad legal de su viaje acudiendo a la resolución del congreso del 9 de mayo de 1879, en la que se le concedió
“licencia al Presidente de la República para que, si lo juzga necesario, pueda mandar personalmente la fuerza armada y salir del territorio nacional”.

Dicha resolución fue adoptada en mayo de 1879 –a un mes y cuatro días de iniciada la guerra– cuando Prado y los parlamentarios suponían que bajo su mando directo –in situ– las fuerzas armadas del Perú realizarían un avance arrollador sobre el enemigo. Como Director de la Guerra, se daba por descontado que el héroe del 2 de mayo tendría que ingresar a los territorios de Bolivia y Chile, persiguiendo al enemigo en fuga. Es con ese fin exclusivo –comandar las fuerzas peruanas en el exterior– que el congreso aprobó la salida de Prado del territorio nacional. Nótese, además, que la redacción del documento usa la expresión “salir del territorio nacional” y no la frase “viaje al exterior”.

Por las anteriores consideraciones puede afirmarse que el viaje de Prado asumió el carácter de deserción. El presidente recibió autorización del congreso para “mandar personalmente la fuerza armada y salir del territorio nacional”. No recibió autorización para “salir del territorio nacional con el fin de comprar armamentos”.

Al fugar del país, Mariano Prado violó el artículo 95 de la Constitución Política del 10 de noviembre de 1860, que prescribía que el Presidente no podía salir del territorio de la República durante el periodo de su mando sin permiso del congreso. El propio lector puede analizar la resolución del 9 de mayo de 1879, que se presenta a continuación:

Resolución del 10 de mayo de 1879 confiriendo licencia al presidente Prado para que, “si lo juzga necesario, pueda mandar personalmente la fuerza armada y salir del territorio nacional”. Haga clic sobre la imagen para ampliarla en una nueva ventana.

Falsedad de la justificación de Prado

Resulta extraño que muchos peruanos hayan aceptado sin cuestionarla la excusa de la supuesta adquisición de armamentos usada por Mariano Ignacio Prado para fugarse del país. Como demostraremos a continuación, el argumento esgrimido por Prado no soporta el análisis más elemental.

En primer término, y por más servil a Prado que hubiera sido el congreso de 1879, este organismo no podría haber aprobado una licencia para el viaje al extranjero del presidente con el fin de comprar armamento, estando el Perú envuelto en una difícil guerra. No era apropiado ni indispensable que el primer mandatario abandonase el territorio nacional. Por más desorganizado que hubiese estado el país, el Perú de 1879 contaba con personal diplomático, funcionarios civiles y militares, e inclusive empresas privadas que estaban responsabilizadas de sus adquisiciones bélicas, incluyendo las compras de urgencia.

En Estados Unidos, la principal empresa compradora de armas para el Perú fue la Casa Grace. En 1876, el presidente Prado nombró a W. R. Grace & Co. como agente oficial del Gobierno Peruano en San Francisco y Nueva York (6). Se estima que entre mayo de 1879 y agosto de 1880, la Casa Grace adquirió armamento y material de guerra para el Perú por un importe mínimo de US,200,000. Entre el equipamiento adquirido se encontraban los famosos torpedos Lay, los lanzadores Herreschoff, fusiles y municiones (7). Por su lado, como enviado del gobierno, el capitán de navío Luis Germán Astete adelantó las gestiones para la adquisición de un blindado en Nueva York. Sin embargo, no obtuvo el financiamiento necesario (8).

En Panamá, el agente oficial del Perú fue Federico Larrañaga quien contó con el apoyo de B. Mozley, superintendente del puerto de Panamá y hombre al servicio de la Grace. Furth & Campbell, firma con sede en Panamá, también al servicio de Grace, era la autorizada para transportar los envíos. José Carlos Tracy, encargado de negocios del Gobierno en Washington y hombre de confianza de Prado, estaba al tanto de todos las adquisiciones clandestinas de armas efectuadas en los Estados Unidos para el Perú. En Londres, el agente financiero del Gobierno al cuidado de las compras fue José Canevaro; en Italia, el ministro Luciano Benjamín Cisneros (9).

En segundo lugar, debe tenerse en cuenta que Estados Unidos y los países europeos –a los cuales supuestamente se dirigía Prado– tenían la obligación de honrar su status de naciones neutrales en el conflicto entre Perú y Chile. Ello implicaba que ni Estados Unidos ni las potencias europeas deberían efectuar venta de armas, municiones, pertrechos o naves militares a ninguna de las naciones en litigio.

Para efectuar las compras de armamento encargadas por el Gobierno, la astuta Casa Grace procedía en Estados Unidos de manera disimulada. Por ejemplo, una remisión de mil fusiles al Perú fue descrita por Grace en la factura comercial como “maquinaria agrícola”; los cartuchos para dichos fusiles fueron escondidos en el interior de barriles de manteca de cerdo. El envío de una lancha torpedera Herreschoff, de difícil detección nocturna, apareció en los documentos de embarque como si el comprador fuera la Compañía Cargadora del Perú, empresa satélite propiedad de la misma Grace, que usaría dicha lancha para la explotación del guano de las islas (10). Los torpedos eran embarcados camuflados dentro de rollos de hule que sólo tenían de ese material las hojas exteriores. Muchas veces, los transportes de Furth & Campbell creyeron estar llevando al Perú maquinarias e insumos, sin percibir que el contenido real de la carga eran armamentos y municiones. Sin embargo, el superintendente Mozley en Panamá siempre supo el contenido de la carga en tránsito a nuestro país (11).

Si se considera la restricción vinculada a la neutralidad de las naciones fabricantes de armamentos, hubiera sido contraproducente para el país que su propio presidente se presentase personalmente en los mercados proveedores con el fin de adquirir armamentos. Tan torpe acción hubiera puesto en evidencia que las naciones vendedoras de material bélico estaban en tratos con el Gobierno del Perú, violando el principio de neutralidad al que deberían adherirse.

William R. Grace destruye la coartada de Prado

Cuando Mariano Ignacio Prado llegó a Nueva York, uno de los antiguos “amigos” que acudió a recibirlo fue el negociante yanqui de origen irlandés William R. Grace (12). En cartas de Grace fechadas en enero y febrero de 1880, este magnate –que construyó su fortuna sobre la base de negocios con los gobiernos peruanos– relató que Prado había llegado a la ciudad sin autoridad oficial y, lo que era peor, sin dinero para efectuar adquisición alguna. Textualmente, Grace escribió: “Al salir del Perú [Prado] no se llevó un gran fardo de dinero”. En esas condiciones, Mariano era inservible para cerrar nuevas transacciones con la Casa Grace. Por lo tanto, el siempre hábil William procedió a desviar a Prado hacia Europa, luego de tener con él “algunas cortesías” (13).

No está demás indicar que durante su estancia en el exterior –que duró hasta 1887– Mariano Ignacio Prado no efectuó ninguna adquisición de armamento militar para el Perú. A su regreso al país tampoco informó sobre los resultados de la supuesta misión compradora de material bélico que se autoimpuso.

Mariano Ignacio Prado privado de la ciudadanía peruana y condenado a degradación militar pública

El 22 de mayo de 1880, el presidente-desertor Mariano Ignacio Prado fue privado de la ciudadanía peruana y condenado a degradación militar pública como consecuencia de su “ignominiosa conducta y vergonzosa deserción y fuga”. Firmaron el instrumento legal Nicolás de Piérola, Jefe Supremo de la República, y Miguel Iglesias, Secretario de Guerra.

La condena de Prado no sólo fue la confirmación de un extendido sentimiento de repudio a su traición. Existe otro componente que acompaña el problema de la deserción pradista –el aprovechamiento personal del poder político– que fue percibido con claridad por la mayoría de observadores y formalizado por el ministro británico en Lima, Spencer St. John, en carta fechada el 22 de diciembre de 1879, dirigida al Marqués de Salisbury, Secretario de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña.

Escribió el embajador: “El jueves 18 del presente el pueblo fue sorprendido al saber que el general Prado se había embarcado en el barco inglés de correo rumbo a los Estados Unidos… Su partida fue generalmente considerada como una huida vergonzosa… Siempre consideré que el general Prado no merecía en absoluto su cargo: en toda ocasión importante demostró una lamentable falta de coraje personal y es de destacar que el hombre conocido en el Perú como ‘el héroe del 2 de Mayo’, sea generalmente considerado como un cobarde consumado… La reputación financiera del general Prado va a la par con la de su coraje: todos los partidos lo acusan del peor sistema de expoliación” (14).

Es por la presencia de la corrupción señalada por Spencer St. John que puede calificarse como incompleto el decreto privando de la ciudadanía peruana a Mariano Ignacio Prado. Al Gobierno de ese entonces le faltó ordenar una investigación internacional sobre el enriquecimiento ilícito del fugitivo. La fortuna que amasó Mariano Ignacio Prado estuvo vinculada en importante medida al uso del poder político en provecho personal, en una época de corrupción generalizada. Los recursos que logró captar don Mariano Ignacio alimentaron la acumulación originaria de capital para la conformación del Imperio Económico Prado, expresión por excelencia de la oligarquía que dominó el país durante las primeras tres cuartas partes del siglo XX.

Adicionalmente, queda en pie una pregunta muy importante: ¿Cuáles fueron las verdaderas razones de la fuga de Mariano Ignacio Prado? Ambos temas –el de los motivos de la deserción y el de la corrupción pradista– serán tratados en los próximos posts.

Decreto privando de la ciudadanía peruana a Mariano Ignacio Prado. En él también se le condena a degradación militar pública “tan pronto como pueda ser habido”. Haga clic sobre la imagen para ampliarla en una nueva ventana.

Fuentes citadas

(1) Caivano, Thomas. 1904. Historia de la guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia. Iquique: Librería Italiana Baghetti Hermanos, p. 346.

Escribió además El Comercio: “Asombro, por no expresar indignación, ha causado en todos los círculos la partida del general Prado, quien con el alba, ocultando los alcances de tan deplorable conducta, en la mañana de ayer y a bordo de una fragata de bandera norteamericana, ha zarpado del puerto de Pisco, con rumbo a Europa. Las circunstancias de este censurable viaje, que ha contado con la permisión del congreso, no pueden dejar de considerarse en las actuales circunstancias que el país confronta una guerra, un acto de deserción de la primera autoridad nacional. Su condición de militar, además de general en jefe del ejército aliado, le obligaban a permanecer al frente de los destinos nacionales y no optar por la dejación de esos sagrados deberes, escudándose en el pretexto que su presencia habrá de favorecer los créditos en los Estados Unidos y en Europa, para adquirir las armas necesarias que urge la nación para la consecución de la guerra. Consideramos que, para el caso, suficiente garantía y solvencia moral la tienen las comisiones Althaus y Canevaro, designadas para atender este servicio y que ya se encuentran operando en esas plazas.”

Debe notarse que El Comercio se equivoca al describir los pormenores de la deserción de Prado. Mariano no fugó de mañana, sino de tarde; no lo hizo en una fragata de bandera norteamericana sino en un vapor de bandera inglesa; no zarpó de Pisco sino del Callao. Que El Comercio, supuestamente el periódico mejor informado del país en esa época, se equivoque en la descripción de las circunstancias de la deserción de Prado, demuestra que la fuga desde Palacio rumbo al Callao, vía Estación de Desamparados, fue ejecutada de manera subrepticia.

(2) Pietro Perolari-Malmignati. 1882. Il Perú e I Suoi Tremendo Giorni (1878-1881). Milano: Fratelli Treves, Editori, p. 291.

(3) Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria, sexta edición corregida y aumentada, vol. 8, p. 173.

(4) Departamento de Estado de los EE.UU. 1880. Papers Relating to the Foreign Affairs of the United States. Washington: Government Printing Office, pp. 819-820.

(5) Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria, sexta edición corregida y aumentada, vol. 8, p. 172-174.

(6) de Secada, Alexander G. 1985. Arms, Guano, and Shipping: The W. R. Grace Interests in Peru, 1865-1885. In “The Business History Review”, Vol. 59, No. 4 (Invierno), Business in Latin America, pp. 610-611.

(7) de Secada, Alexander G. 1985. Arms, Guano, and Shipping: The W. R. Grace Interests in Peru, 1865-1885. In “The Business History Review”, Vol. 59, No. 4 (Invierno), Business in Latin America, pp. 612-613.

(8) Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria, sexta edición corregida y aumentada, vol. 8, pp. 67-70.

(9) de Secada, Alexander G. 1985. Arms, Guano, and Shipping: The W. R. Grace Interests in Peru, 1865-1885. In “The Business History Review”, Vol. 59, No. 4 (Invierno), Business in Latin America, p. 611.

(10) James, Marquis. 1993. Merchant Adventurer. The Story of W. R. Grace. Wilmington: SR Books, pp. 129 y 132.

(11) de Secada, Alexander G. 1985. Arms, Guano, and Shipping: The W. R. Grace Interests in Peru, 1865-1885. In “The Business History Review”, Vol. 59, No. 4 (Invierno), Business in Latin America, p. 611.

(12) Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria, sexta edición corregida y aumentada, vol. 8, p. 174.

(13) James, Marquis. 1993. Merchant Adventurer. The Story of W. R. Grace. Wilmington: SR Books, p. 135. Las cartas son de W. R. Grace & Co. a Grace Brothers & Co. (26 de enero de 1880) y de W. R. Grace al capitán de navío de la Armada Peruana Luis Germán Astete (28 de febrero de 1880).

(14) Bonilla Heraclio. 1980. Un siglo a la deriva: Ensayos sobre el Perú, Bolivia y la guerra. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, pp. 188-189.

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Martín Chambi, el artista puneño que retrató en el Cusco el Perú verdadero.- Las fotos de la realidad del país profundo

El Gigante de Paruro
Cusco, 1929
Fotógrafo: Martín Chambi
País grande, en harapos

Joven mendigo
Cusco, 1934
Fotógrafo: Martín Chambi
País joven, mendicante

Juicio oral en la Corte Superior

Cusco, 1929

Fotógrafo: Martín Chambi

Nación de injusticias

Indios Q’eros

Cusco
Fotógrafo: Martín Chambi
Los excluidos, la mayoría

Niño vagabundo y guardia civil

Plaza Regocijo, Cusco, 1922
Fotógrafo: Martín Chambi
El orden y el desorden

La tristeza del hombre andino

Cusco, 1933
Fotógrafo: Martín Chambi
Soledad y melancolía

Cargador de chicha
Tinta, Sicuani, 1940
Fotógrafo: Martín Chambi
Felicidad, no obstante el sufrimiento

Organista
Tinta, Sicuani, 1935
Fotógrafo: Martín Chambi
Peruano, a pesar de los maltratos

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La tapada destapada y la tapada tapada.- Fotografías de dos modelos limeñas del siglo XIX

La tapada destapada
Fotógrafo: Anónimo, Lima 1865 (?)

La tapada tapada con mantón de Manila
Fotógrafo: Eugenio Maunoury, Lima, 1865 (?)

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La triste historia de Mariano Prado, el Director de la Guerra que no fue a Tarapacá por padecer una enfermedad que le impedía viajar a pie y a caballo

Escribe: César Vásquez Bazán

Proclama de Mariano Ignacio Prado el 16 de mayo de 1879 al hacerse cargo de la Dirección Suprema de la Guerra. Textualmente, en ella el presidente hace saber que marcha a ponerse al frente de las tropas peruanas, a la cabeza de valerosos soldados. De ser necesario ofrece el sacrificio personal y jura que no será nunca el último que se encuentre en los lugares de peligro. Quince meses después, en su manifiesto de Nueva York de agosto de 1880, Prado recordaría que “era público y notorio que sufría hace años una enfermedad que le impedía viajar a pie y a caballo”. Haga clic sobre la imagen para ampliarla en una nueva pantalla.

La ineptitud militar del Director Supremo de la Guerra se manifestó en toda su crudeza a lo largo de la campaña que terminó con el retiro de las tropas peruanas de Tarapacá.

La primera conclusión que se obtiene cuando se analiza el desenvolvimiento inicial de la Guerra del Pacífico es la renuencia de Prado a asumir la posición de liderazgo que exigía su condición de comandante general de las fuerzas peruanas. Entre el 20 de mayo y el 26 de noviembre de 1879 –período de seis meses en el que ejerció la responsabilidad de Director Supremo de la Guerra– Prado jamás se puso al frente de las tropas, incumpliendo la promesa que hiciera en su proclama del 16 de mayo de 1879 (1). No sólo no se puso a la cabeza de los soldados peruanos sino que jamás participó en ningún combate con el enemigo.

Asimismo, y contrariamente a lo que escribió en la proclama citada, Prado fue el primero en alejarse de los lugares de peligro. Se acuarteló en Arica, a 225 km de Pisagua, a 310 km de Iquique, y a 320 km de Tarapacá. Jamás llegó a este último pueblo por lo que no participó de la gloriosa batalla que favoreció a los peruanos. Justificó su ausencia indicando que era “público y notorio que sufría hace años una enfermedad que le impedía viajar a pie y a caballo” (2). Surge entonces una pregunta.
Si Prado no podía viajar ni a pie ni a caballo, ¿por qué se autonombró Director Supremo de la Guerra?

Ahondando en su justificación, Prado explicó que intentó llegar a Tarapacá “del único modo que podía hacerlo, esto es por mar, para desembarcar en alguna caleta, pero no fue posible porque la Unión no estaba en Arica y ningún capitán de buque neutral convino en llevarme”. Con justa razón, Jorge Basadre escribió que si Prado “quiso hacer uso de la Unión, bien pudo hacer que viajara a Arica” (3).

Puede añadirse a lo escrito por el historiador tacneño un par de interrogantes. Si la Unión hubiera ido a recoger a Mariano y lo hubiera llevado a Iquique, ¿cómo hubiera hecho Prado para viajar el centenar de kilómetros existente entre dicho puerto y Tarapacá, si no podía caminar y menos aún montar a caballo? ¿Hubiera dispuesto Prado que se le transportase en litera, al estilo de Atahualpa en Cajamarca?


Mapa de las fronteras de Perú, Bolivia y Chile en 1866, trece años antes de la Guerra del Pacífico. El mapa fue preparado por el cartógrafo J. Gálvez Almeida (4).


Una segunda conclusión se refiere a la actitud estática que adoptó Prado como Director Supremo de la Guerra. Si bien él mismo afirmó que había establecido su cuartel general en Arica, es más apropiado decir que Mariano fijó su residencia en dicha ciudad. Si bien es cierto que en sus dos primeras semanas en el sur del país efectuó cortas visitas a Pisagua, Iquique y Tacna, volvió siempre a Arica, plaza en la que se sentía seguro. Desde Arica intentó dirigir la guerra mediante proclamas, telegramas, mensajes y cartas.

La tendencia de Prado a permanecer inmóvil en Arica y “dirigir” la guerra por telegrama trajo consigo graves consecuencias para el ejército del Perú. La principal de ellas es que Mariano sólo tuvo una comprensión superficial de los problemas de diversa índole que impactaron el ánimo de los soldados aliados.

En principio, debe señalarse el duro escenario geográfico en que se desenvolvió la campaña de Tarapacá, dominado por el desierto de Atacama –considerado el más árido del mundo– con temperaturas que fácilmente podían alcanzar los 38 grados centígrados. Tras haber perdido el control del mar, los ejércitos aliados no pudieron recibir provisiones ni pertrechos por la vía marítima. En especial, el agua tenía que obtenerse en los escasos pueblos que contaban con pozos. Sin embargo, la cantidad de agua que así podía obtenerse resultaba escasa para ejércitos compuestos por miles de efectivos. Sin duda, las condiciones de aridez y el clima del desierto, y la carencia de provisiones impactaron a las tropas peruanas y bolivianas, afectando su disposición física para enfrentar al enemigo.

Prado tampoco tuvo conocimiento adecuado de las intrigas y maquinaciones políticas de los generales del ejército boliviano –como Hilarión Daza– quien estuvo más preocupado de retener la presidencia de su país que de recuperar el litoral que había sido arrebatado a Bolivia. Conservar la presidencia boliviana obligaba a Daza a mantener intacto el regimiento que comandaba –conocido como “Colorados”– para poder utilizarlos, de ser necesario en la represión de sus enemigos políticos. Estas tramas influyeron negativamente sobre buena parte de las fuerzas bolivianas que se negaron a combatir y desertaron a su país. No obstante, debe reconocerse que también existieron tropas de este país que se destacaron por su desempeño heroico y espíritu de sacrificio.

Otro factor que debe tomarse en cuenta es la carencia de inteligencia adecuada sobre la realidad de las fuerzas militares involucradas en las operaciones y la falta de conocimiento in situ de los territorios en que éstas se movilizaban. Este hecho explica cómo Prado pudo ser sorprendido fácilmente por el presidente boliviano Daza, en un episodio que afectó el desenvolvimiento posterior de la guerra y que resumimos a continuación.

Tras la caida de Pisagua el 2 de noviembre, Prado dispuso un plan por el cual el ejército chileno sería atacado desde dos frentes. Una primera ofensiva vendría del sur y estaría a cargo de las fuerzas peruanas y bolivianas al mando del general Juan Buendía. Estos contingentes deberían emprender la marcha desde Iquique hacia el noreste, atravesando Pozo Almonte y Agua Santa.

Por su parte, las tropas bolivianas al mando del general Daza eran las responsables de atacar desde el norte. Movilizándose desde Tacna en dirección sureste, pasando por Arica y Camarones, las tropas de Daza deberían unirse al ejército de Buendía y juntas propinar una severa derrota al enemigo chileno.

Sin embargo, el plan de ataque de las fuerzas aliadas fue terminalmente impactado por la deserción del general Daza. El 16 de noviembre de 1879, desde Camarones, el presidente boliviano telegrafió a Prado informando falsamente que las tropas de su país se negaban a seguir avanzando por el desierto y pidiendo permiso para regresar. Aceptando sin cuestionarlo el informe recibido del presidente boliviano, Prado telegrafió a Daza ordenándole retirarse: “Ya que el ejército de Camarones no puede avanzar, creo conveniente, si a usted le parece, que comience a regresar a la brevedad posible” (5).

La decisión de Prado se adoptó sin ponderar los graves efectos que tendría sobre las tropas de Buendía y sobre las posibilidades de éxito de la misión conjunta. Peor aún, la retirada boliviana no se comunicó oportunamente al general peruano, quien continuó su marcha esperanzado en la inminente reunión con las fuerzas de Daza, encuentro que, por supuesto, nunca se produjo.

En ningún momento Prado pensó en ponerse a la cabeza de las fuerzas peruanas y salir de Arica para acudir en apoyo de las tropas de Buendía, cumpliendo la tarea de atacar desde el norte, señalada originalmente para Daza. Prado permaneció estático en su refugio de Arica, con lo que terminó de sellar la suerte de las fuerzas aliadas que se movilizaban a marchas forzadas desde el sur para cumplir su parte del compromiso pactado en el planeamiento original.

El 19 de noviembre, tras la agotadora caminata, las tropas al mando del general Buendía llegaron a las inmediaciones del cerro San Francisco. Cinco días antes, el viejo general había recibido un telegrama cifrado de Prado que ordenaba: “Ataque usted en el acto y sin trepidar”. Horas después, recibió otro telegrama del Director Supremo de la Guerra en el que contraordenaba: “Espere a Daza” (6).

En vista que las tropas al mando del presidente boliviano no llegaban al encuentro de Buendía, éste envió un emisario que regresó la mañana del 19 de noviembre con la mala nueva de la retirada de Daza.

Una vez que se esparció la noticia de la fuga del presidente boliviano, la batalla de San Francisco se inició de manera prematura, como resultado de disparos hechos por indisciplinados pero honestos soldados bolivianos, ávidos de entrar en combate para borrar la mala imagen de Daza. Contribuyó a la desorganización de las fuerzas aliadas la orden de atacar y luego la contraorden final de no atacar, comunicada por el coronel Belisario Suárez.

No obstante esta última disposición, el combate se generalizó de manera rápida. A pesar de esfuerzos heroicos de las fuerzas peruanas y bolivianas, los chilenos pudieron cañonearlos con impunidad, parapetados en las alturas del cerro. Las fuerzas aliadas rechazadas por los chilenos en San Francisco se retiraron del campo de batalla en horas de la noche, luego de combatir desde las tres de la tarde.

Mientras todo esto sucedía, mientras peruanos y bolivianos se batían en San Francisco denodada pero desorganizadamente, y mientras muchos de ellos morían como héroes luchando contra el enemigo –como el inmortal cusqueño Ladislao Espinar– el Director Supremo de la Guerra, estacionado en Arica, cavilaba acerca del derrumbe aliado de los últimos quince días y se preguntaba si no había llegado la hora de dejar de dirigir la guerra por telegrama. En pocos días más, Prado abandonaría Arica súbitamente y regresaría a Lima, en lo que sería la primera etapa de su fuga a los Estados Unidos y Europa.

Fuentes citadas

(1) Benjamín Vicuña Mackenna. 1880. Historia de la Campaña de Tarapacá. Santiago de Chile: Imprenta y Litografía de Pedro Cadot, pp. 863-864.

(2) Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria, sexta edición corregida y aumentada, vol. 8, p. 171.

(3) Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria, sexta edición corregida y aumentada, vol. 8, p. 171.

(4) Gustavo Pons Muzzo. 1962. Las fronteras del Perú: Estudio histórico. Lima: Talleres Gráficos Iberia, S. A., p. 177.

(5) Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria, sexta edición corregida y aumentada, vol. 8, p. 124.

(6) Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria, sexta edición corregida y aumentada, vol. 8, p. 128.

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